lunes, 10 de junio de 2013

Y la vida? Ahora los muertos son militantes políticos.

Justicia y Paz Los Teques
Dentro de la polarización política que vive el país,  es lamentable observar como la garantía y  la vigencia efectiva de los derechos humanos y de manera especial el derecho a la vida y a la integridad personal son los más vulnerados; depende del grupo político y la militancia a la que se señale su pertenencia son ciudadanos sujeto de derecho u objeto de derecho,  además los que los responsables del gobierno exigen todo el peso de la ley cuando se trata de uno de su lado. Y los demás no tienen derecho a la justicia.
Los muertos siempre han sido en nuestra cultura venezolana una pena que une a todos y todas, se superan las diferencias, los rencores, las heridas para estar al lado de quien sufre; pero ahora resulta  que cada  lado de esta polarización llora a sus muertos y los otros parece no importarle.  
Antes esta realidad la preocupación el Estado debe ser garantizar el derecho a la vida de todos los ciudadanos, y no solo agrandar el nombre al Ministerios del Poder Popular la Para Las Relaciones Interiores, Justicia y Paz. Mientras la impunidad y el número de muertes aumentan de manera desproporcionada, unido a ello la solución ha sido enviar las Fuerzas Armadas a la calle. Aspecto, que causa especial preocupación a la CIDH en relación con la seguridad ciudadana en Venezuela es la participación de las Fuerzas Armadas en actividades que deben corresponder exclusivamente a los cuerpos policiales.
Las personas asesinadas, torturas, detenidas arbitrariamente durante los hechos del 15 al 16 de abril de 2013, claman justicia, una justicia que supera la limitación de la polarización y donde Themis  la diosa de la justicia sea verdaderamente ciega,  para no ver a quien le imparte justicia, como sinónimo de equidad, con la espada en la mano derecha para imponer el castigo a quien resulte culpable y la balanza en su mano izquierda significando el equilibrio y la justeza de la decisión que toma el juez o la jueza y las fieras que le acompañan denoten que la justicia debe estar acompañada de la fuerza
Lo cierto es que mientras la verdad no salga a la luz, no se conocerá nunca realmente lo acorrido y quiénes son los responsables.  Muchas de las sentencias que se dan son legales pero con una carga de injusticia tremenda,  ya que si la acusación es cierta, el acusado no estaría respondiendo por los hechos que ha cometido y si es falsa la acusación se estaría condenando al inocente.
Al mirar el contexto de violencia y el aumento de los índices de muertes, es necesario  reflexionar y diseñar propuestas que ayuden a disminuir la violencia cotidiana en nuestras comunidades o lo que es llamado hoy día, el grave problema de la inseguridad que viven todos los ciudadanos y comunidades humanas.  Es de suma importancia incidir social y políticamente en las instancias gubernamentales para la solución de este flagelo, y crear una cultura de Paz y justicia ante la situación de peligro cotidiano y de inseguridad que vivimos. Inseguridad  que favorece las condiciones de inequidad y violación de los derechos, especialmente el derecho a la vida para "Que la vida no se convierta en un campo de batalla y de inseguridad".
Este campo de batalla de la inseguridad es dado por la violencia, producto de tantas injusticias que ha sufrido y sufre aún nuestro pueblo, especialmente los más pobres y el deterioro del sentido ético, personal e institucional, la corrupción, la impunidad, la pérdida de la sensibilidad ante lo humano y la carencia de solidaridad cuyo origen está en el egoísmo y en la manipulación. Todo esto implica que a medida que pasa el tiempo, se hace presente con mayor fuerza en nuestro país, una anticultura de la muerte, que hace perder la capacidad de admirarnos y, por tanto, son muy pocas las expresiones de reclamo a quienes tienen en sus manos la responsabilidad de promover un clima de seguridad y, por ende, de dar protección a la familia humana.
El recordado Papa Juan Pablo II expresaba "que la violencia es un mal, que la violencia es inaceptable como solución de los problemas, que la violencia es indigna del hombre. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano"
Ciertamente la violencia es una mentira cuando hay falsificación del hecho social por la que los valores compartidos pasan a ser intereses travestidos. Hoy día muchas de nuestras palabras axiológicas (patria, libertad, derecho, religión, ciudadanía, pueblo…) se les reviste de un contenido que cubre intereses no tan bellos y antifraternos.  La mentira de situaciones que hacen necesario el mal para subsistir, como la carrera armamentista para preservar la paz. La mentira de la prosperidad sin un trabajo digno y sin seguridad social y jurídica.
Ojala que aprobación de la ley para el control de armas, municiones y  desarme ayude realmente a reducir los causantes de la violencia en nuestro país y el Estado cumpla con la garantía de los derechos humanos de todos y todas, garantizando la seguridad y la vida.
Que el anhelo de paz que tiene el pueblo venezolano se explicite en un compromiso por el respeto a la dignidad humana, a la vida y a la convivencia pacífica.  Pues  “la ausencia de paz nos priva de las condiciones indispensables para vivir en una auténtica y verdadera sociedad,  ya que  se irrespeta la dignidad de la persona humana. La gran tarea que se nos impone en este momento crítico de nuestra historia es la responsabilidad que tenemos de construir una sociedad en paz, fundada en la cooperación, el entendimiento, la solidaridad, la tolerancia y el diálogo por el bienestar de nuestra nación. La convivencia entre los seres humanos es de orden moral. Se apoya sobre la verdad, debe realizarse según la justicia, exige ser vivificada y completada por la solidaridad y, finalmente, encuentra en la libertad un equilibrio socio-político cada día más razonable y más humano. Estos son los principios éticos fundamentales de toda paz". (Exhortación Pastoral,  "Bienaventurados los que trabajan por la paz" (Mt 5,9) Caracas, 11 de julio de 2003).
Desde la Oficina de Justicia y Paz de Cáritas Los Teques invitamos  a la comunidad venezolana con sus instituciones, un mayor compromiso en la construcción de la cultura de paz y reconciliación, promoviendo en todos  y todas una "conversión" en su conducta, particularmente en la manera cómo se ha instaurado el resolver los problemas que terminan siempre en conflictos y son generadores de violencia; pero también exigir el diseño de políticas públicas que favorezcan en el pueblo una vida segura y digna, evitando muertes, donde cada día se derrote la impunidad que nos agobia  en esta hora.

caritaslosteques@gmail.com


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